Improductivos puede, pero no flojos

No somos productivos. Suena duro, sí, insoportablemente duro quizás. Importantes organismos internacionales no paran de advertirnos. Sostienen que esta falta de productividad está lastrando seriamente nuestra tan necesaria recuperación económica, y que por tanto, es urgente hacer reformas para solventarlo.

Sin embargo, por aquí parece que nadie se da por aludido. Oídos sordos. Los que nos gobiernan no parecen estar dispuestos a meter el dedo en esa llaga. Porque no nos engañemos, dice el refrán que “a nadie le parecen sus niños feos”, y al parecer, a ningún estado tampoco le parecen improductivos sus ciudadanos. Y sin embargo, ahí están las cifras oficiales: la productividad por hora trabajada para el alemán medio fue del 93,5% del Producto Interior Bruto (PIB) frente al 82,2% del español. Cifras que además de indicar la falta de productividad ponen de relieve otra cuestión más fundamental y puede que sorprendente: trabajamos muchas más horas que el resto y además ganamos bastante menos. En concreto, un 19% más de horas que los alemanes y un 54,71% menos de salario medio. No sin razón somos el país 1º de Europa y 4º del mundo dónde se trabajan más horas al año. Y por cierto, con vacaciones similares.

Pero entonces, ¿qué locura es esta?, ¿cómo es posible concebir que echemos más horas, ganemos casi la mitad y encima seamos menos productivos?. Sin duda, parece un galimatías inexplicable pero que al menos algo sí deja claro, a la luz de tales datos no parece que la solución esté en trabajar mayor número de horas ni probablemente ganar menos dinero por ello. Esto puede sorprender a muchos, sobretodo a los que tradicionalmente han asociado el pedir una mejora de productividad con una mayor explotación laboral al trabajador reduciendo salarios e incrementando horarios. Pero como evidencian las cifras la clave tiene que ser otra. Veamos entonces, ¿qué diferencias y características encontramos en España que puedan afectar a lo que estamos tratando?

Pues para empezar en España nos encontramos con un sector PYME gigantesco en comparación con otros países. No es que esto sea malo de por sí, nada más lejos de la realidad. Sin embargo, muchas de estas pequeñas y medianas empresas no han podido, sabido, o querido invertir en innovación y mejora de sus procesos productivos. En gran parte debido simplemente a que no les ha hecho falta estos últimos años. Había para todos, ya fuera una empresa buena o mala, productiva o no. Pero ahora que han llegado las vacas flacas, y bien flacas que son, muchas se encuentran con una imperiosa necesidad de ahorrar costes, mejorar beneficios y ampliar líneas de negocio. Tristemente, en muchos casos es tarde ya que ahora no disponen del “cash” necesario para acometer reformas para mejorar su productividad, ni tampoco crédito para que otros se las financien. En consecuencia, y salvo algún milagro particular, a muchas no les queda otra que cerrar o al menos poner de patitas en la calle a gran parte de su plantilla.

En segundo lugar, y creo que en esto hay pocas dudas, muchos empresarios se han acostumbrado a vivir permanentemente a base de subvenciones. El intervencionismo de los gobiernos ha sido tal en determinados sectores que se han sustentado demasiadas economías demasiado tiempo. Innumerables empresas públicas, semipúblicas y por supuesto también privadas que, sencillamente, no han necesitado luchar para ganar dinero como las demás, ni han tenido que esforzarse ni competir con el resto por mejorar sus procesos productivos. Han sido mantenidas gracias a las aparentemente infinitas subvenciones. Subvenciones que en muchos casos vinieron de Europa, gracias a nuestro dulce periodo casi extinto como “pobrecitos” europeos, y en otros casos, subvenciones financiadas por ingentes cantidades de deuda pública emitida por ayuntamientos, comunidades autónomas y estado. Deuda que, por cierto, los gobiernos ahora no tienen idea de cómo pagar, y que aparece en las noticias a diario.

Y es que, en muchos casos, estas empresas tenían el negocio hecho antes incluso de firmar el acta notarial de constitución. Luego, curiosamente cuando veían feo el panorama, sólo con poner el grito en el cielo acudía la Administración para “salvarlos”. Gracias a la encomiable excusa de impedir el despido de los pobres trabajadores afectados se mantuvieron empresas, en su mayor parte afines al poder establecido, en las que el 99,99% del botín iba a parar a manos de los directivos. Y una vez consumida la nueva inyección de dinero, mandaban a los trabajadores directamente a la oficina del paro. Cabe mencionar que estos “rescates” son pagados por todos y cada uno de los agotados contribuyentes mediante impuestos que no paran de subir provocando a su vez la asfixia del consumo y con ella la del resto de empresas que nada tienen que ver con este embrollo.

En definitiva, los datos demuestran que somos improductivos sí, pero no flojos. Debemos romper con el tópico, porque bien es verdad que en todos lados cuecen habas. Metamos mano de una vez a lo que nos hace improductivos a pesar de echar tantas horas y ganar menos que el resto. Comencemos a plantear medidas que ataquen realmente estos problemas huyendo en lo posible del cortoplacismo y de sectores improductivos hacia aquellos más productivos, que por cierto, suelen ser los que requieren mayor capacitación. Alentemos el emprendimiento libre y el crecimiento personal de las capacidades mediante una educación formativa consciente. Fomentemos motivación vital del talento y proactividad de los trabajadores. Así y sólo así, podremos vislumbrar un horizonte productivo, un horizonte de empleo, un horizonte de calidad de vida. Un horizonte a fin de cuentas, merecido. Mejor que subvencionado.

 

Publicado en edición impresa El Periódico de Mairena, agosto 2011

About franguillen

Francisco González Guillén es Ingeniero Superior en Informática. CEO & Founder de Vestidia.com. + 6 años de experiencia en sector TIC público y privado.

16. Mayo 2012 by franguillen
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