La revolución del conocimiento

¿Por qué no vemos la luz al final del túnel de esta crisis? ¿Por qué no hay un atisbo de recuperación de esta situación dramática que nos ha tocado vivir? ¿Por qué no aparecen esos nuevos sectores a los que dedicarnos tras la debacle de la construcción?

Estas y algunas más, son las preguntas que cualquier ciudadano de a pié lleva pesadamente sobre sus hombros con una mezcla de decepción e impotencia. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer extraño, la respuesta a ellas es sencilla. El motivo base de por qué no vemos salida a la situación actual es uno y sólo uno: no nos hemos adaptado al cambio de modelo productivo global que se lleva tiempo imponiendo. Poco a poco, sin darnos cuenta, mientras que seguimos aferrándonos a cómo se hacían las cosas hace un siglo, el nuevo modelo ya está dando la cara. La burbuja de los últimos años simplemente lo enmascaró por una temporada. Ahora no “vence” el país, comunidad o municipio con más capital de base o con mejores padrinos, aunque sin duda esto siga ayudando, sino la sociedad que sea capaz de desarrollar mejor las capacidades y el talento de sus ciudadanos. Algo que podemos observar perfectamente si nos fijamos en los países que están a la cabeza del mundo.

Escuché recientemente a D. Eduardo Serra, exministro del PP y exsecretario de estado de PSOE, hablar sobre las revoluciones históricas del hombre. La primera gran revolución humana fue la revolución neolítica. En esta se pasó de tener que cazar “literalmente” día a día el sustento, a trabajar la agricultura y ganadería que permitían despreocuparse de correr diariamente tras las manadas de animales liberándose en cierta forma de la manutención diaria. Para ello, era primordial poseer la tierra donde asentarse para realizar estas labores, erigiéndose la propiedad del terreno como el principal activo. La segunda fue la revolución industrial. Esta permitió liberarnos de las tareas rudimentarias de producción mediante la utilización de maquinaria que automatizara los procesos productivos. El dinero se convirtió en el activo más valioso, ya que con él podían adquirirse las máquinas y materia prima con las que generar productos.

Actualmente estamos inmersos en otra revolución: la revolución del conocimiento. Vemos como grandes empresas históricas, largamente consolidadas pierden inexplicadamente relevancia mientras que emprendedores “de garaje” como Youtube, Facebook o incluso Google o Apple, por decir sólo algunos ejemplos sonados, se están convirtiendo en los grandes dueños del mundo. Insólito, ¿no?. Efectivamente, en esta nueva revolución ha empezado a dejar de ser tan primordial el capital para dar paso a otro nuevo activo: el talento.

Es además esta revolución la más significativa de todas para nosotros, porque nos toca directamente a cada uno tener que adaptarnos forzosamente a ella. Sin embargo, es responsabilidad directa de los gobiernos el fomentar este cambio de mentalidad. Y me refiero a todos los gobiernos ya sea a nivel nacional, autonómico o local, porque el cambio si bien tiene que ser generalizado, ha de empezar desde lo más pequeño a lo más grande. Ejemplos de que no han hecho los deberes hay miles y no voy a enumerarlos aquí porque están a la vista de todos, simplemente miremos a nuestro alrededor. Se han optado por las medidas fáciles y el cortoplacismo generando la conciencia de que mejor no inviertas demasiado en ti mismo, coge lo que te salga que mañana Dios proveerá. Es evidente que esta revolución cogió a los políticos con el pié cambiado y no han sabido reaccionar. Ni lo hicieron antes ni lo están haciendo ahora.

¿Cómo desarrollar entonces esa sociedad del talento? Pues entre muchas medidas, poniendo un puente de plata para el que innove. Quitando todos los obstáculos posibles a aquellos que quieran montar una nueva idea de negocio. Formando a los ciudadanos en habilidades emprendedoras, en hablar en público, en nuevos nichos de mercado, en nuevas tecnologías, etc. Cambiando el escenario para que un parado no sea alguien que espera que le caiga un “tajito” del cielo, sino que tenga infinitas facilidades a su mano para que el tajito se lo ponga él mismo. Algo así como lo que se decía de que para ayudar al 3er mundo era mejor darles la caña en lugar del pez, pero aplicado a nosotros mismos.

Sabemos que si no se hacen los cambios necesarios para potenciar el talento, se dejará a la sociedad al margen de los nuevos tiempos, como los que trabajaban aun la tierra con un arado de mano cuando ya había tractores. Talento que han mal-gestionado dejándolo de lado estos años y por lo que ahora debemos pedirles responsabilidades. Talento que es el único que podrá sacarnos de una vez por todas de esta maldita y asfixiante crisis que nos ahoga, lenta pero inexorablemente.

 

Publicado en edición impresa El Periódico de Mairena, mayo 2011

About franguillen

Francisco González Guillén es Ingeniero Superior en Informática. CEO & Founder de Vestidia.com. + 6 años de experiencia en sector TIC público y privado.

16. Mayo 2012 by franguillen
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